21 may. 2019

Tartaletas de albaricoques y frangipane para sobremesas al sol

Ya hace días que los veía en el mercado. 

Rosados y naranjas, suavecitos y dicendo "cóooooomemeeeee"

Y es que cuando los albaricoques son tu debilidad, aunque estén al precio de oro, acabas comprándolos. Unos poquitos al menos, los suficientes para acallar esa vocecita. 



Esto me suele pasar unas cuantas veces al año, normalmente cuando empieza la temporada de fruta de verano, que es mi preferida. Cerezas, higos, sandía, melón .... 

Esta vez he comprado los suficientes para poder hacer unas deliciosas tartaletas. Dulces y con un punto ácidas a la vez!! perfectas para estos días en que empieza el buen tiempo 



Ingredientes para ocho tartaletas: 

Para la base: 

90 gr de harina de trigo 
70 gr de harina integral 
60 gr de suero de leche 
zumo de limón
1/2 cucharadita de sal 

Para empezar prepararemos nuestro suero de leche. Ponemos los 60 gr de leche y le añadimos dos cucharaditas de zumo de limón. Removemos bien, tapamos y lo dejamos reposar diez minutos. La leche se cortará y creará grumos. 

En un bol aparte mezclamos las harinas, con la mantequilla fría cortada a cubitos y la sal. Desmenuzamos e intentamos unirla lo máximo posible. Le vamos añadiendo, cucharada a cucharada, nuestro suero de leche, hasta que consigamos una masa ligada. Es posible que no necesitemos todo el suero. 

Pasamos la masa a una superficie enharinada y la amasamos durante un par de minutos. La extendemos bien con nuestro rodillo y la vamos colocando en nuestros moldes de tartaletas. 

Las cubrimos con film y las llevamos a la nevera durante mínimo media hora. Y si queréis las podéis dejar hasta el día siguiente. 




Ingredientes para el relleno: 

120 gr de mantequilla a temperatura ambiente
140 gr de azúcar moreno 
180 gr de almendra en polvo 
2 huevos + yema 
1 cucharada de extracto de vainilla 
albaricoques 

Para empezar, precalentamos el horno a 180 grados. 

En un bol batimos la mantequilla y el azúcar moreno hasta que esté esponjoso. 

Añadimos los huevos de uno en uno, batiendo bien, hasta que esté totalmente integrado, entonces añadimos el siguiente. 

Incorporamos el extracto de vainilla

Añadimos la almendra en polvo y la sal y mezclamos bien. Reservamos 

Lavamos los albaricoques y los cortamos por la mitad y luego en rodajas finitas  

Sacamos nuestras tartaletas de la nevera y extendemos el relleno. Disponemos los albaricoques de la manera que más nos guste y lo llevamos al horno durante 40 minutos o hasta que estén doradas por encima. 



Las dejamos enfriar y llega el momento de disfrutarlas. Servidas  con helado de vainilla y pistachos están de muerte lenta!! Nosotros esta vez le hemos puesto una pizquita de sal de Ibiscus que trajimos  de las Salinas de Gruissan


12 may. 2019

Las salinas de l'Ille de Sant Martin. Gruissan.

Al inicio de este blog, preparaba post que no tenían única y exclusivamente las recetas de comida como objetivo principal. Os contaba un poco de todo, viajes, decoración, niños .... y últimamente mi cuerpo me pide volver a mis inicios (aunque con fotografías algo mejores y con unos niños más mayores. 

Así que como este blog no deja de ser un pequeño reflejo de mi vida, voy a volver al principio y os voy a ir explicando cualquier cosa que me parezca interesante compartir con vosotros. Y como muchos de vosotros os mostraseis interesados y me preguntasteis infinito por las fotos de las salinas rosas, empiezo por contaros nuestra escapadas a las Salinas de l'ille de Sant Martin en Gruissan.


Hace mucho tiempo que tenía fichado ir a Gruissan. Cerquita de casa, desde l'Empordà nos coge a una hora y cuarenta minutos. Con muchas ganas de conocer los maravillosos restaurantes que tiene a pie de playa, donde te sirven ostras y marisco fresco, acompañado de vino fresquero.

Pero cuando encima descubrí que tiene unas salinas rosas la necesidad de ir a visitarlas fue aún mayor. 

Espero que os carguéis de paciencia porque unas salinas rosas se merecen unas cuantas fotos. 





Muy cerquita de Narbonne, entre estanques y el mar, se sitúa Gruissan. Un antiguo pueblo de pescadores con mucho carácter. Este pueblo circular está coronado por la torre de Barberousse y está rodeado de agua. Sus casas típicas y sus contraventanas de colores hacen que no puedas dejar de mirar hacia todos los lados con los ojos en forma de corazón. El disparador de la cámara pedirá tregua. 




Nada más llegar a Gruissan te sorprende que esté rodeada por agua. Lo mejor de todo es que hay un camino que bordea toda la isla por la parte exterior. Un bonito paseo que puedes hacer caminando, en bici, e incluso en coche. 

Nosotros decidimos visitar en primer lugar las salinas y dejar la visita al pueblo para después de la comida. 

Es muy fácil llegar al centro de acogida, que está justo a la salida del pueblo, y muy bien indicado, con mucho sitio para aparcar. 

Puedes hacer una visita guiada por los estanques de las salinas que dura más o menos una hora y media. Pero ese día Marc no estaba muy contento y preferimos no tentar a la suerte. Así que nos conformamos con hacer la visita en el museo donde explican mediante audiovisuales como extraían de manera industrial la sal desde principios del siglo xx. 

Es un pequeño museo lleno de herramientas antiguas, clases de sal y explicaciones de las inundaciones programadas de las salinas. 

El color de las salinas es sencillamente espectacular, su tono rosado y amarillo os dejará literalmente con la boca abierta. 




Tienen una tienda preciosa llena de, como no, sales de todas las formas, tamaños y sabores. Y una buena sección de vinos, ya que no nos olvidemos que es zona de viñedos. Chocolates, galletas y un montón de dulces que os harán comer por los ojos. 

A casa se vinieron sales de diferentes gustos y vinos. Y los niños hicieron buen acopio de chocolates. 

Teníamos mesa reservada a la una, una hora de lo más francesa para comer. Así que haciendo gala de puntualidad y de hambre nos dirigimos al restaurante. 


La Cambuse du Saunier es el restaurante de las salinas. Tienen un comedor cubierto y otro al aire libre. Nosotros cominos dentro ya que con el viento que hacía era imposible comer al aire libre. 

Solo tienen cartas en francés, así que si no tienes ningún conocimiento del idioma Google translator te ayudará a decidir. 

Ostras, langostinos, caracoles de mar, cangrejos, cassoulette de sepia .... también hay platos infantiles pero nosotros somos todos de marisco y no los probamos. 



Para bajar la comida nada mejor que un paseo por Gruissan. 

El ascenso a la torre de Barberrouse os regalará unas vistas maravillosas del pueblo y os hará hueco para disfrutar de un helado a la bajada. 







Ha sido una salida express pero sé que volveremos porque nos dejamos bastantes cosas por ver, pero no hay mejor excusa para repetir. 

Gruissan, nos veremos pronto!!



16 abr. 2019

Teñir huevos con productos naturales





Cuando yo era pequeña, en las tiendas, casi todos los huevos que habían eran blancos. Así que cuando tenías que hacer trabajos manuales en la escuela con huevos era fácil. 

Ahora todos los huevos son morenos, y supone una odisea encontrarlos blancos. Por suerte en los mercados aún quedan puestos que los venden. 

Y es que hace tiempo que iba a la búsqueda y captura de huevos blancos para teñirlos con ingredientes naturales, de esos que siempre tenemos por la cocina. 

Anteriormente los pintaba, o los forraba con papel, incluso en alguna ocasión los había teñido con colorantes alimentarios. 



Pero esta vez quería experimentar, y tras investigar un poco, nos hemos lanzado aprovechando que los niños están de vacaciones. Es una buena manera de tenerlos entretenidos. 

Si queréis pasar un rato entretenido, tomad nota!






Ingredientes: 

Huevos blancos 
agua
vinagre de manzana 
remolacha
arándanos
col lombarda 
menta y espinacas 
piel de cebolla (rojas y amarillas)
un palillo 
un cuchillo de punta



Antes de empezar, os cuento que mucha gente cuece primero los huevos y luego los tiñe. Es más fácil y queda mejor. Pero la verdad es que prefería aprovechar los huevos y utilizarlos para otras recetas. 

Así que con mucho cuidado tenemos que hacer un agujero en ambos extremos del huevo (en vertical) y con el palillo (introducido dentro del huevo) pinchamos la yema. Y soplando por uno de los extremos, nos saldrá el huevo por el otro. Todo esto con una delicadeza extrema, porque si no os podéis imaginar que se os romperá. 

Los lavamos, los secamos y los reservamos. 



Ahora llega la hora de hacer los tintes naturales. He sado el mismo método para todos. La misma cantidad de ingredientes que de agua. En mi caso era una taza de agua y una taza de arándanos (por ejemplo). Lo llevas a un cazo y esperas a que hierva. Más o menos los he dejado todos entre unos 10-15 minutos para que el agua se tiñera. En el caso de los arándanos, la col y la remolacha, cuando llevaba un poquito hirviendo he triturado bastamente los ingredientes para que soltaran más pigmento. Antes de sacarlo del fuego le añadiremos una cucharada de vinagre blanco. 

Lo dejas enfriar y lo cuelas. Lo disponemos en varios botes, con el nombre de cada uno e introducimos los huevos. Pensad que al estar vacíos flotan, y por lo tanto o le ponéis un peso encima o tenéis que ir girando los botes para que se tiñan los más uniformemente posible.

Como veis en las fotos hay algunos muy oscuros, que han estado casi 24 horas y otros más claros que solo han estado unas tres horas. 

Nos hemos enamorado de los lilas y azules que hemos conseguido con los arándanos y con la col lombarda. 



Probadlo!! cuanto menos es una divertida actividad para hacer con los niños!!

14 abr. 2019

Irish soda bread.

Ya os comentaba en Ig que estoy preparando un post con nuestro viaje a Irlanda el verano pasado. Muchas de vosotras me preguntáis por la ruta que hicimos, que lugares visitamos, en que casas estuvimos... Así que por si os sirve de inspiración lo publicaré en el blog la próxima semana!!

De mientras y para calentar motores os dejo la receta del irish soda bread, que es el pan irlandés que nos dejaron a modo de detalle en todas las casas que nos hospedamos. Un pan diferente a lo que estamos acostumbrados, pero que nos encantó. 






Ingredientes: 

250 gr de harina integral 
220 gr de harina de trigo 
1 cucharadita de sal 
1 cucharadita bicarbonato 
2 cucharaditas levadura en polvo 
280 gr de suero de leche 
1 huevo batido 



Precalentar el horno a 190 grados. 

En un bol grande, tamizamos las dos harinas, la sal, el bicarbonato y la levadura en polvo. Añadimos el huevo batido y el suero de leche. Mezclamos bien. 

Llevamos la mezcla a una superficie enharinada y la amasamos hasta que quede suave y ligada. Moldeamos y boleamos hasta darle forma de hogaza (yo elegí hacerla alargada). 

La llevamos a una bandeja de horno y con un cuchillo muy afilado le hacemos una cruz sobre la hogaza. Horneamos durante unos cuarenta minutos. 

Caliente es una verdadera maravilla, sobre todo con un poco de mantequilla para el desayuno. 





Ideal para estos días de vacaciones!! Espero que os guste. 

Inés




7 abr. 2019

Brioche de mascarpone

Aún recuerdo como se vivía la Semana Santa cuando era pequeña. El día de la palma (domingo de ramos), estrenando vestido a juego con mis hermanas y calcetines calados hasta la rodilla con sandalias. Y como no la palma llega de caramelos de azúcar de color blanco y rosa. 

Las películas bíblicas y eternas en la tele con mis abuelos. Los buñuelos, las torrijas, las flores y los pestiños a todas horas. 




Todo eso lo hemos ido perdiendo con la edad, pero hay costumbres que no se pierden nunca, aunque si que es verdad que hemos ido cambiando el formato. 

Mi primera mona fue la clásica con el huevo cocido en el medio. Debía de ser yo muy pequeña. Después pasamos a las monas con figuritas de chocolate. 

Más tarde, cuando trabajaba en una pastelería, para sacarme un dinerillo mientras estudiaba, volví a reencontrarme con esas maravillosas monas tradicionales que pasaban desapercibidas entre las enormes monas de chocolate. 



Y cuando nacieron mis hijos, decidimos desde el principio que las monas las haríamos en casa. Un bizcocho, un huevo de chocolate, muñequitos, plumas y pollitos. 

Es un planazo, nos reunimos con todos los peques de la familia, sacamos plumas, huevos .... y ellos mismo montan su propia mona. No puede ser más divertido !!

Y este año después de probar el broche de mascarpone de Un pedacito de cielo tenía claro que iba a ser elegido para hacer nuestra mona este año. 



Así que si vosotros también queréis apuntaros al plan, tomad nota. 

Ingredientes: 

520 gr de harina de fuerza
80 gr de azúcar glas
250 gr de queso mascarpone 
120 gr de leche templada 
1 huevo mediano 
20 gr de levadura fresca 
5 gr de sal 
un huevo batido para dar brillo a la masa 

Las cantidades son para un molde de 26 cm, pero yo lo hice en dos moldes más pequeños (18 cm). 



En un bol, batimos con la batidora de mano, el queso, el huevo, el azúcar y la leche hasta que esté ligado. 

Troceamos la levadura, y junto a la harina y la sal la añadimos a la mezcla del queso. Amasamos con las manos hasta que tenga una textura suave y no esté pegajosa. 

Hacemos una bola y lo dejamos reposar en el bol cubierta por un paño húmedo hasta que doble su tamaño, lo ideal es dejarla en un lugar que no tenga corriente de aire y que sea cálido. Mi masa tardó una hora y cuarto en subir. 

Engrasamos el molde y reservamos. 

Cuando pase ese tiempo, desgasificamos la masa apretándola con los dedos. La sacamos a una superficie plana y la vamos dividiendo en bolas iguales. Las redondeamos y las ponemos en nuestro molde. Las volvemos a tapar y dejaremos que vuelvan a doblar su volumen.

Precalentamos el horno a 190 grados. 

Los pintamos con el huevo batido, con delicadeza y los llevamos al horno durante 30 minutos, hasta que esté dorados. 

Os puedo asegurar que es una maravilla!! Uno lo comimos en el momento y el otro lo envolvimos bien con papel de film y nos duró varios días en una caja de hojalata. 




Espero que os guste. 
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